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Rellenos y complicación vascular — Anatomía de peligro, prevención y qué hacer cuando ocurre

Qué territorios comunican la cara con la retina, qué medidas reducen de verdad el riesgo de embolia, cómo se reconoce una oclusión en sus primeros minutos y el protocolo de hialuronidasa a dosis alta pulsada.

Contenido dirigido a profesionales sanitarios. No sustituye la valoración clínica ni está pensado como información para pacientes.

Lo esencial

  • La cara tiene anastomosis abiertas entre la carótida externa y la interna. Por eso un producto inyectado en la mejilla puede llegar a la retina: no es mala suerte, es anatomía.
  • La embolia se produce cuando la presión de inyección supera la presión arterial local. Por eso la velocidad importa tanto como la profundidad.
  • El signo que más se pasa por alto es el dolor desproporcionado e inmediato. Blanquear, doler mucho o ver mal son motivo de parar en ese instante.
  • El tratamiento no es una dosis: es un protocolo de dosis alta repetida hasta que el tejido responde. El punto final es clínico —color, relleno capilar y desaparición del dolor—, no una cifra.
  • Ante pérdida visual, la ventana útil descrita es de aproximadamente 90 minutos. Eso convierte la preparación previa —kit, teléfono y circuito con oftalmología— en parte del tratamiento.

Dos mecanismos distintos, dos tiempos distintos

Conviene separarlos porque no se manejan igual. La compresión extrínseca ocurre cuando un volumen excesivo colocado junto a un vaso lo colapsa desde fuera; aparece de forma progresiva, en minutos u horas, y a menudo mejora con masaje y con la reducción del volumen. La embolia intravascular es otra cosa: el producto entra en la luz del vaso y viaja, de modo que el territorio isquémico no coincide con el punto de inyección y el cuadro es inmediato. La distinción práctica es que la compresión da tiempo y la embolia no. Y hay un tercer escenario, el peor: el producto inyectado a presión en una arteria facial puede retroceder contra el flujo hasta alcanzar el sistema oftálmico y desde ahí embolizar la retina o incluso el territorio cerebral.

Qué vaso, qué zona y qué se pierde

VasoDónde se lesionaConsecuencia
Supratroclear y supraorbitariaGlabela y frente medial, sobre todo con bolos superficialesSon ramas terminales de la oftálmica: camino directo a la retina. Ceguera y necrosis de la piel frontal
Nasal dorsalDorso nasal y ángulo frontonasalSe anastomosa con la supratroclear: comunica el territorio de la carótida externa con el de la interna. Ceguera y necrosis del dorso
AngularSurco nasogeniano proximal y pómulo medial, cerca de la narizNecrosis del ala nasal y la mejilla medial, y por su continuidad con la oftálmica, riesgo visual
Nasal lateralSurco alarNecrosis del ala nasal
InfraorbitariaPómulo anterior y unión párpado-mejilla. Sale a 6-8 mm por debajo del rebordeIsquemia del párpado inferior y la mejilla; anastomosa con la oftálmica
Facial y labialesLabio y línea mandibular. Las labiales van en el plano submucoso, la parte húmedaNecrosis labial. Es la zona donde más frecuentemente se produce la oclusión, aunque no la más grave
Temporal superficialSien, en el plano subcutáneoNecrosis del cuero cabelludo y alopecia. En la fosa baja hay además ramas de la maxilar interna, con riesgo de necrosis del paladar

Las zonas donde más pasa

Las revisiones de la literatura mundial sobre ceguera por relleno coinciden en señalar unas pocas localizaciones: glabela, nariz, surco nasogeniano y frente concentran la mayoría de los casos publicados. No es casualidad: son exactamente las zonas donde el territorio facial y el oftálmico están comunicados. Es información útil para la consulta, porque permite ordenar el consentimiento y la conversación previa: en el labio la complicación es frecuente pero rara vez catastrófica; en la glabela y en la nariz es infrecuente pero puede costar un ojo. Conviene decirlo así.

Reconstrucción tridimensional de las arterias faciales y oculares codificadas por color sobre el cráneo.
Reconstrucción tridimensional de las arterias faciales y oculares, cada territorio en un color. Se ve por qué la cara y la órbita no son compartimentos separados: los territorios de la carótida externa y de la interna se encuentran en el dorso nasal y en la glabela. Jiang L et al. Maxillofac Plast Reconstr Surg 2025;47(1):41. CC BY 4.0.

Lo que sí reduce el riesgo

  1. Conocer el planoAntes de cada zona, revisar dónde va el vaso y a qué profundidad. Es la única medida que actúa sobre la causa y no sobre la consecuencia
  2. Inyectar despacioLento, suave y a baja presión. Una aguja de menor calibre obliga a inyectar más despacio, y eso es precisamente lo que protege si la punta está dentro de un vaso
  3. Poco volumen por puntoRepartir en bolos pequeños en lugar de uno grande. Cuanto menor es el émbolo, menor es el territorio isquémico
  4. AspirarAntes de cada bolo. No garantiza estar fuera del vaso —un producto viscoso puede no refluir— pero descarta muchos casos y cuesta dos segundos
  5. MoverseDepositar en retirada y en movimiento en lugar de estático: reduce la probabilidad de descargar todo el volumen en una luz vascular
  6. Cánula donde tocaEn zonas de anatomía difícil, cánula roma de calibre suficiente. Reduce la punción vascular, pero no la elimina
  7. Bloquear con el dedoPinzar o comprimir con el dedo libre ocluye el vaso proximal y evita además el desplazamiento del producto

Lo que no protege tanto como se cree

Tres creencias que conviene matizar. La aspiración no es una garantía: con productos viscosos y agujas finas puede no haber reflujo aunque la punta esté intravascular, de modo que una aspiración negativa no autoriza a inyectar rápido. La cánula no es un seguro: reduce la incidencia pero se han descrito oclusiones y casos de ceguera con cánula, y en narices muy planas o en pacientes ya operados el riesgo persiste. Y la experiencia no inmuniza: los casos publicados incluyen inyectores expertos, porque el mecanismo no depende de la destreza sino de si la punta está dentro de una luz en el momento de empujar el émbolo.

Cómo se reconoce, y cuándo

MomentoSignosQué significa
Durante la inyecciónDolor intenso y desproporcionado, blanqueo inmediato de la piel, o cualquier molestia ocular o cambio visualParar en ese instante. No terminar el punto, no "ver si mejora"
MinutosPalidez que persiste, patrón reticulado o livedoide, relleno capilar enlentecido, dolor que no cedeOclusión establecida. El territorio afectado indica el vaso, que puede estar lejos del punto de inyección
Compromiso visualPérdida de visión, dolor ocular intenso, ptosis, oftalmoplejía, cefalea, náuseas o vómitosEmergencia. Ventana útil descrita en torno a los 90 minutos: activar el circuito de oftalmología ya
Horas a díasColoración violácea, ampollas, costra, y finalmente escaraNecrosis establecida. Ya no es un problema de disolver, es de manejo de herida
Síntomas neurológicosFocalidad, alteración del habla o del nivel de concienciaEmbolia cerebral. Traslado urgente al hospital, no manejo en consulta

El dolor es el signo, no la molestia

Inyectar molesta y todos los pacientes lo dicen; lo que no es normal es el dolor intenso, inmediato y claramente desproporcionado al gesto que se está haciendo. Ese dolor es isquémico y precede a menudo al cambio de color, sobre todo en pieles gruesas o pigmentadas donde el blanqueo se ve mal. Dos consecuencias prácticas. La primera, no anestesiar en exceso la zona antes de inyectar en las regiones de riesgo: la anestesia enmascara el único aviso precoz que hay. La segunda, preguntar activamente durante los puntos comprometidos —glabela, nariz, surco nasogeniano— en lugar de esperar a que el paciente se queje.

Los primeros minutos

  1. 1. PararRetirar la aguja y no inyectar ni una gota más en esa zona
  2. 2. ValorarDelimitar el territorio blanqueado, comprobar el relleno capilar y preguntar por visión y dolor ocular. La visión se pregunta siempre, aunque la zona parezca lejana
  3. 3. HialuronidasaInundar todo el territorio isquémico, no solo el punto de inyección: la enzima difunde y atraviesa la pared del vaso. Reconstituir con anestésico local sin adrenalina si se dispone: duele menos y produce vasodilatación
  4. 4. Masaje firmeInmediatamente después de cada dosis, masaje enérgico para dispersar la enzima y fragmentar el émbolo. Calor local para vasodilatar
  5. 5. ReevaluarA los 15 a 20 minutos: si el flujo no se ha restablecido, repetir la dosis. La vida media tisular de la enzima es de minutos, no de horas
  6. 6. Punto finalSe para cuando el tejido ha recuperado el color, tiene buen relleno capilar y ya no duele. No cuando se ha alcanzado una cifra de unidades

La dosis: alta, repetida y guiada por la clínica

  • El protocolo de dosis alta pulsada consiste en inundar el bloque de tejido isquémico con enzima suficiente para hidrolizar el producto en todo su recorrido, no en pinchar el punto de entrada.
  • Las cifras publicadas orientan: un mínimo del orden de 450 a 500 unidades por área isquémica, y hasta 1.500 unidades repartidas en varios ciclos si hay más de un territorio afectado.
  • La recomendación práctica de las guías es no usar concentraciones inferiores a 1.500 unidades en 5 ml y tratar hasta el efecto, no a una dosis fija.
  • El miedo a "pasarse" está mal calibrado: la enzima también degrada el ácido hialurónico propio, pero el organismo lo repone en 15 a 20 horas.
  • La ecografía, cuando está disponible, mejora la precisión: permite localizar el depósito y confirmar la reperfusión.

La alergia a la hialuronidasa: lo que dice la evidencia

Es una preocupación frecuente y está sobredimensionada en su forma grave. Desde 1949 hay muy pocos casos publicados de reacción alérgica que requiriera adrenalina, y la mayor parte de lo que se notifica como "alergia" son reacciones locales de tipo IV —edema, eritema, urticaria en la zona— que aparecen a partir de una hora y se resuelven solas. La gravedad sí parece depender de la dosis y la vía: por debajo de 1.500 unidades en un punto local las reacciones descritas son locales; con dosis muy altas o por vía intravenosa aparecen síntomas generalizados. Hay además un efecto que se confunde con alergia y no lo es: concentraciones superiores a 1.500 unidades en 10 ml son irritantes y producen eritema e hinchazón que ceden en 24 horas. Es una reacción predecible por farmacología, no inmunológica.

A quién sí hay que preguntarle

  • Alergia a picadura de abeja o avispa. Sus venenos contienen hialuronidasa, de modo que hay riesgo real de reactividad cruzada.
  • Con antecedente de reacción local grande a una picadura, el riesgo de anafilaxia estimado ronda el 5 %; con antecedente de anafilaxia a la picadura, puede llegar al 60 %.
  • Si el paciente ha reaccionado a abeja y a avispa, es más probable que el alérgeno común sea precisamente la hialuronidasa.
  • Preguntar también por fármacos que dificultan revertir una anafilaxia: betabloqueantes e inhibidores de la enzima convertidora.

Sobre el test intradérmico

Es una práctica extendida y conviene conocer sus límites: no existe una concentración validada para probar alergia a la hialuronidasa, y las guías de alergología recomiendan no usar pruebas cutáneas para cribar alergia a fármacos en ausencia de una historia clínica compatible. Un test negativo con una concentración no validada no descarta nada. Y hay una paradoja peligrosa: precisamente en los pacientes con antecedente de anafilaxia a himenópteros —los únicos en los que el test tendría sentido— hacerlo en consulta es en sí un riesgo de anafilaxia, y debe realizarse en una unidad de alergia con soporte. Lo verdaderamente útil sigue siendo la historia clínica: antecedentes, fármacos y reacción previa a exposiciones anteriores.

Compromiso visual: lo que se sabe y lo que no

Es el escenario en el que menos margen hay y en el que la evidencia es más débil, así que conviene ser preciso. Lo que sí está establecido: la ventana para revertir una oclusión de la arteria oftálmica antes de que el daño sea irreversible es del orden de 90 minutos, y la conducta obligada es derivación inmediata a oftalmología, en paralelo con el tratamiento del territorio cutáneo. Lo que no está establecido: la eficacia de la hialuronidasa retrobulbar, que se ha descrito en casos aislados y sigue siendo controvertida —la enzima difunde mal a través de la vaina del nervio óptico y los resultados publicados son dispares—. Presentarla como el tratamiento de la ceguera por relleno sería inexacto. Las medidas adyuvantes descritas —masaje ocular, reducción de la presión intraocular, vasodilatadores, oxígeno hiperbárico, antiagregación— tienen soporte limitado y no deben retrasar la derivación.

La piel ha blanqueado: qué decidir

¿Hay algún síntoma visual o neurológico?

Emergencia. Derivación inmediata —oftalmología si es visual, hospital si es neurológico— y tratar el territorio cutáneo en paralelo, sin esperar.
NoSeguir al siguiente punto.

¿El blanqueo cede en segundos al retirar la aguja y masajear?

Sí, y no dueleProbable palidez por vasoconstricción o compresión leve. Vigilar estrechamente, no seguir inyectando en esa zona ese día.
No, persisteTratar como oclusión. Hialuronidasa a dosis alta en todo el territorio, masaje, calor y reevaluación a los 15-20 minutos.

¿Y si el producto no es ácido hialurónico?

No es hialurónicoNo hay antídoto. Es la razón principal para preferir hialurónico en las zonas de riesgo: el resto de productos no se pueden revertir.

Lo que hay que tener preparado antes de inyectar a nadie

  • Hialuronidasa en cantidad suficiente para un protocolo completo, no un vial. Una oclusión puede consumir más de mil unidades.
  • Anestésico local sin adrenalina para reconstituirla, y material para masaje y calor local.
  • Adrenalina y protocolo de anafilaxia: no por la hialuronidasa, cuyo riesgo es bajo, sino porque se administra un fármaco.
  • Un teléfono de oftalmología que responda, acordado antes y no buscado en el momento. Con 90 minutos de ventana, el circuito es parte del tratamiento.
  • Y un consentimiento que nombre la complicación: en las zonas de riesgo hay que decir la palabra ceguera, no "alteraciones visuales".

Dos detalles que se olvidan

No inyectar hialuronidasa en una zona donde se haya puesto toxina botulínica en las últimas 48 horas: la enzima es un agente dispersante y difundirá la toxina fuera de su diana. Y no inyectarla sobre una zona con infección activa, salvo que se sospeche biopelícula y el paciente esté ya cubierto con antibiótico de amplio espectro. Un tercer detalle, para la disolución electiva por mal resultado estético: se puede reevaluar a las 48 horas y repetir, pero conviene esperar al menos dos semanas antes de volver a inyectar relleno, hasta que la inflamación se haya resuelto, porque si no el resultado es impredecible.

Cuando ya hay necrosis

Si el paciente llega tarde y hay zonas de necrosis establecida, el problema ha cambiado de naturaleza: ya no se trata de disolver un émbolo sino de manejar una herida. Eso significa cuidados de herida convencionales, cobertura frente a la infección y condiciones óptimas para la cicatrización, con el mismo criterio que en cualquier pérdida cutánea. Conviene decirlo porque hay una tentación de seguir aplicando el protocolo de urgencia cuando ya no procede: la cámara hiperbárica por sí sola no es un tratamiento adecuado de la necrosis establecida. Y una vez cicatrizada, la secuela entra en el terreno de la revisión de cicatrices, con sus tiempos y sus técnicas.

Las complicaciones que no son vasculares

  • Precoces y autolimitadas: eritema, edema, dolor y equimosis. Se avisan antes, no se tratan.
  • Efecto Tyndall: coloración azulada por producto colocado demasiado superficial. Se resuelve con hialuronidasa.
  • Nódulos de aparición tardía, semanas o meses después: hipersensibilidad tipo IV, granuloma o biopelícula, a menudo mezclados. Si el producto es hialurónico, hay la ventaja de poder disolver el nido del problema; si se sospecha componente infeccioso, solo bajo cobertura antibiótica.
  • Mal resultado estético por producto mal colocado, en exceso o migrado. Es reversible, y esa reversibilidad es la principal ventaja del hialurónico sobre cualquier otro relleno.
Anastomosis entre una rama de la arteria facial y la arteria nasal dorsal, rama de la oftálmica.
La anastomosis concreta que explica la ceguera por relleno: una rama de la arteria facial conectada con la nasal dorsal, que es rama de la oftálmica. Es la puerta abierta entre el territorio inyectado y la retina. Jiang L et al. Maxillofac Plast Reconstr Surg 2025;47(1):41. CC BY 4.0.

Especialidad relacionada: Estética Facial

Dr. Pablo Vaquero

Cirugía de lifting facial, estética facial, reconstrucción facial compleja y parálisis facial, en Barcelona.

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