Mentoplastia
El mentón es probablemente la estructura facial que más influye en el perfil y a la que menos atención se presta. Buena parte de los pacientes que acuden pidiendo una rinoplastia tienen, en realidad, un mentón poco proyectado: la nariz parece grande porque el mentón está retruido, y operar solo la nariz no equilibra el conjunto. Por eso analizo siempre el perfil completo antes de plantear cualquier cirugía facial.
¿Cuándo se recomienda?
- Mentón poco proyectado que desequilibra el perfil y hace parecer la nariz más grande.
- Mentón excesivamente prominente o largo.
- Ángulo cervicomentoniano poco definido, con sensación de papada pese a no haber exceso de grasa.
- Asimetría o desviación del mentón respecto a la línea media facial.
Mi enfoque
Siempre que la anatomía lo permite prefiero la mentoplastia de avance, que consiste en desplazar el propio hueso del paciente a la posición correcta y fijarlo. Frente al implante tiene ventajas que pesan a largo plazo: no hay material extraño, no existe riesgo de infección tardía ni de desplazamiento, y permite corregir en tres dimensiones a la vez —avanzar, alargar o acortar, y centrar el mentón desviado—, algo que un implante no puede hacer. El implante sigue siendo una opción válida en casos concretos, sobre todo cuando solo falta proyección y el paciente prefiere una cirugía más sencilla.
Cuándo el problema no es el mentón, sino la mandíbula
Es la distinción más importante de esta consulta. Un mentón puede parecer pequeño por dos motivos muy distintos: porque el hueso del mentón está poco proyectado con una mordida correcta, o porque toda la mandíbula está retruida, lo que suele acompañarse de una mordida en la que los dientes superiores quedan muy por delante de los inferiores. En el primer caso la mentoplastia resuelve el problema. En el segundo, avanzar solo el mentón camufla el perfil pero deja intacta la causa: la mordida sigue igual, con sus consecuencias sobre la masticación, el desgaste dental y a veces la respiración nocturna. Ahí la solución correcta es la cirugía ortognática, que reposiciona los maxilares. Distinguir ambos escenarios exige valorar la oclusión, no solo mirar el perfil, y es precisamente lo que aporta la formación en cirugía maxilofacial.
Por qué el mentón influye en el cuello
Muchos pacientes consultan por una papada que no mejora por mucho que adelgacen, y la causa no está en la grasa sino en la posición del hueso. Cuando el mentón está retruido, el ángulo entre el cuello y la mandíbula se abre y la piel del cuello pierde el soporte que da la proyección ósea, de modo que la zona submentoniana parece llena aunque no lo esté. Avanzar el mentón tensa esa zona y define el ángulo cervicomentoniano de forma inmediata. Es la razón por la que en pacientes bien seleccionados una mentoplastia mejora el contorno del cuello más que un tratamiento dirigido a la grasa, y por la que a veces se combinan ambos gestos en una misma cirugía.
Recuperación
La incisión se hace por dentro de la boca, así que no queda ninguna cicatriz visible. La inflamación es máxima entre el segundo y el tercer día y baja de forma clara durante la primera semana; la mayoría de pacientes retoma su actividad social hacia los 10 días. Durante las primeras semanas se recomienda dieta blanda y evitar golpes en la zona. Es habitual notar el labio inferior y el mentón adormecidos, una alteración transitoria de la sensibilidad que se recupera progresivamente a lo largo de las semanas o los primeros meses.
Preguntas frecuentes
¿Es mejor un implante de mentón o mover el hueso?
Depende de qué haya que corregir. Si solo falta proyección hacia delante, ambas opciones dan buen resultado y el implante supone una cirugía algo más sencilla. Pero si además hay que alargar o acortar el mentón, o centrarlo porque está desviado, el implante no puede hacerlo: solo añade volumen en una dirección. Además, mover el hueso propio evita para siempre los riesgos asociados a un material extraño, que aunque poco frecuentes existen y pueden aparecer años después.
¿Se puede combinar con una rinoplastia?
Sí, y en muchos casos es lo que de verdad equilibra el perfil. Cuando el mentón está retruido, reducir la nariz sin tocarlo puede dejar un resultado que sigue sin verse armónico, porque el problema no era solo nasal. Combinar ambos gestos en una misma cirugía supone una sola anestesia y una sola recuperación, y permite valorar el perfil como un conjunto en lugar de por partes.