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Parálisis facial: guía para pacientes sobre causas y opciones de tratamiento

Recibir un diagnóstico de parálisis facial genera muchas preguntas: por qué ha pasado, si se va a recuperar y qué se puede hacer mientras tanto. Esta guía resume, de forma general, las causas más habituales y el abanico de opciones de tratamiento.

Causas más frecuentes

La causa más habitual es la parálisis de Bell, de origen idiopático (sin causa identificable) y probablemente relacionada con una inflamación viral del nervio facial. Otras causas incluyen traumatismos, tumores que afectan al nervio facial o su recorrido, y secuelas de cirugías en la base del cráneo o la glándula parótida.

¿Cuándo se recupera sola?

La mayoría de casos de parálisis de Bell mejoran de forma espontánea en unas semanas o meses con tratamiento médico (corticoides, protección ocular). El pronóstico depende del grado inicial de afectación y de la rapidez con que se inicie el tratamiento tras la aparición de los síntomas.

Cuándo plantear cirugía

Se valora un tratamiento quirúrgico cuando, pasado un margen de tiempo razonable, no hay signos de recuperación, cuando la causa de la parálisis lo justifica desde el inicio (por ejemplo, una sección del nervio), o cuando quedan secuelas que afectan a la función —como el cierre del ojo— o a la simetría del rostro.

Cómo se mide el grado de afectación

Para objetivar la gravedad y el progreso del tratamiento se emplean escalas de valoración validadas. La escala de House-Brackmann clasifica la parálisis en seis grados, desde la función normal hasta la parálisis total, en función de la simetría en reposo y del movimiento en la frente, los ojos y la boca. La escala de Sunnybrook es más detallada: puntúa de 0 a 100 combinando la simetría en reposo, la amplitud del movimiento voluntario en cinco expresiones y el grado de sincinesia (movimientos involuntarios asociados). Usar la misma escala de forma consistente en cada visita permite comparar la evolución de un paciente de forma objetiva, más allá de la impresión visual.

El papel de la toxina botulínica

Además de la cirugía, la toxina botulínica tipo A tiene un papel bien establecido en el manejo de la parálisis facial. Aplicada en dosis bajas sobre los músculos hiperactivos del lado sano, o sobre músculos con sincinesia en el lado afectado, ayuda a reducir la hipercontracción y a mejorar la simetría tanto en reposo como durante la sonrisa. Al ser un efecto reversible y temporal (3-6 meses), también sirve como herramienta previa a la cirugía: permite al paciente hacerse una idea del resultado de una futura reanimación quirúrgica antes de decidir si dar ese paso.

El abordaje de la parálisis facial se adapta a cada caso, combinando cuando es necesario técnicas estáticas y dinámicas de reanimación.

Especialidad relacionada: Parálisis Facial

Sobre el autor

El Dr. Pablo Vaquero es cirujano adjunto de Cirugía Oral y Maxilofacial en el Hospital Universitari Vall d’Hebron (Barcelona) y cirujano en el Instituto Maxilofacial del Centro Médico Teknon. Formado en Hong Kong, Buenos Aires y la Charité de Berlín, es Representante Nacional de Trainees de España ante la EACMFS y autor de publicaciones científicas y del capítulo de Cirugía de Lifting del manual de referencia de la SECOM CyC.